No obstante, esto no siempre fue así, si nos remontamos a la antigua Roma, la tasa de interés no estaba regulada, resultando la misma muy excesiva, dejando en la mayoría de los casos al deudor y a su familia en la miseria. La ley no amparaba al pobre deudor sino que autorizaba a su acreedor a encarcelarlo e incluso hasta reducirlo a la esclavitud y en el peor de los casos a la muerte.
Por suerte hoy las tasas de interés están debidamente reguladas. En el momento en el que solicitamos un crédito podemos elegir que tipo de tasa de interés queremos, fija o variable y el tiempo que vamos a tardar en cancelar la deuda.
La tasa de interes variable es la que se utiliza para créditos que van a ser devueltos en plazos muy largos, por lo general más de diez años. Las cuotas suelen ser un poco menores en comparación con las tasas de interés fijas pero con la desventaja de que la entidad financiera que otorgó el crédito puede realizar ajustes si se produjera alguna alteración en el mercado. Es incierta, no se sabe con exactitud cuanto se terminará pagando.
La tasa de interés fija se utiliza para plazos de devolución más cortos, las cuotas suelen ser mayores que en tasas variables pero con la ventaja de que se conoce con exactitud cuánto se tendra que abonar.
Publicado 11 de Diciembre del 2010 |