Es decir, al comienzo del proyecto de autoconstrucción la entidad de crédito entrega una cantidad de dinero, con la garantía del solar en el que se quiere construir la vivienda. Sin embargo, esa cantidad no es, ni mucho menos, la totalidad de la hipoteca autoconstrucción, si no que habrá diferentes plazos de entrega, y por unas cantidades que no quedan fijadas en este primer momento.
Un segundo plazo de entrega se realiza cuando el cliente necesita una nueva inyección económica. La ventaja, ahora, es que el valor añadido de la construcción es mayor que el valor que podía tener el solar en un principio, por lo que la cantidad de dinero que la entidad financiera está dispuesta a entregar es mayor.
Y así sucesivamente, hasta que la vivienda está totalmente construida. Por lo que se puede concluir, que con la hipoteca autoconstrucción, el cliente recibe finalmente una mayor cantidad de dinero que la que podía haber recibido inicialmente, cuando solo poseía el solar.
Por otro lado, durante el período de construcción de la vivienda no se amortiza capital, es decir sólo se pagan intereses, lo que puede ser entendido como un período de carencia alargado.
El problema puede surgir, sin embargo, al tener que amortizar todo el capital una vez concluida la vivienda, lo que puede hacer incrementar las cuotas de manera no deseada.
Se trata, sin duda, de una forma original y alternativa a las hipotecas tradicionales que ofrece una serie de ventajas que deben de ser tenidas en cuenta, pero también hay que mantener una mirada crítica ante un escenario que quizá no se acerque demasiado a la realidad social española.
Publicado 17 de Diciembre del 2010 |