La documentación requerida en la aprobación, se convierte en más estricta y voluminosa en la medida en que la informalidad del trabajo se hace presente, siendo más fácil y cómoda la autorización del crédito para los empleados estables y mucho más profunda e inquisitiva para los trabajos independientes e inestables.
En un país como Colombia donde la gran mayoría de las personas vive y sobrevive con el trabajo del rebusque y las labores independientes, las reglas y normas expeditas de los créditos bancarios chocan inevitablemente con las necesidades de las mayorías. La solución regresa al camino de la informalidad, en donde aparecen otros intermediarios financieros como el prestamista ocasional, las casas de compra y venta, las oficinas de empeño, los fondos de ahorro, las cooperativas, y recientemente el Banco de los Pobres o Banca de las Oportunidades.
La informalidad de los creditos personales en Colombia, tiene su origen y su razón de ser, y cuando los Bancos desean erradicarla para incorporarla dentro de su institucionalidad, se ven abocados a subir las tasas de interés para compensar el mayor riesgo que representa atender este nuevo mercado. Sin embargo, el procedimiento de aumentar las tasas de interés en forma proporcional al riesgo, se ve truncada por la reglamentación que realiza la superintendencia bancaria, que con buena fé limita la tasa máxima o de usura de los préstamos que deben cobrar las entidades vigiladas. Esta encrucijada, conduce de nuevo a la opción de la informalidad en los Creditos personales, que no corresponden a una práctica sana, pero si encuentran su justificación en la coyuntura del país y su economía.
Publicado 06 de Diciembre del 2010 |