Desafortunadamente no es una práctica nacional sino internacional, porque ya se había capturado en España otro personaje bajo la misma modalidad de suplantar personas para que le desembolsaran créditos bancarios, usufructuar el dinero y dejarle su pago a un tercero que no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo hasta que le notificaron la deuda. Sin duda este trabajo del delito se sustenta en la falsificación de documentación, que es difícil de identificar su duplicidad, en especial cuando son expertos en falsificar hasta dinero en efectivo, salvo que verifiques con diligencia vía telefónica y presencial, las fuentes de la información que presentan los delincuentes.
Pareciera que este tipo de delitos, de falsificación de identidades para solicitar créditos bancarios, se facilitan cuando se relajan los procesos de vigilancia y control de las entidades encargadas de aprobar y desembolsar los préstamos. Porque si se han tomado las medidas previas al desembolso de confirmar la documentación recibida, las referencias bancarias y personales, las propiedades que se sustentan tener, las mismas huellas digitales, y hasta desarrollar un poco de malicia investigativa para detectar el fraude, con seguridad se le hará más difícil al ladrón realizar la respectiva suplantación de créditos bancarios.
Ahora le queda a la justicia, a los seguros y a las mismas entidades financieras, solucionarles con agilidad el inconveniente ocasionado a los verdaderos clientes, quienes ahora aparecen con deudas y posibles malas referencias crediticias, sin ser culpables de los hechos que precedieron a la solicitud y desembolso de créditos bancarios.
Mientras exista la creatividad, la posible complicidad de personal interno a las organizaciones y flaquezas en los procesos y procedimientos, las entidades financieras y los clientes deberán mantenerse alertas para evitar que les suplanten las identidades, les roben el dinero y les generen más que un problema extra.
Publicado 12 de Septiembre del 2011 |