Para los créditos de grandes obras, como el desarrollo del metro u otra alternativa de transporte masivo para descongestionar las ciudades, se hace necesaria la participación de todos los entes prestamistas, incluyendo la Banca privada y el mismo gobierno, como aportante de capital y garante de los mismos créditos ante las entidades internacionales. Por lo general se adjudican esas obras por medio de licitación, otorgando concesiones para el usufructo y administración posterior del servicio, a fin de permitir la generación futura de ingresos, y de esta forma generar fuentes de pago para atender los desembolsos de los créditos.
A pesar de las grandes necesidades de países en desarrollo como Colombia, en acometer grandes obras y proyectos para mejorar la infraestructura y el transporte terrestre, marítimo, fluvial o aéreo, las Entidades financieras no se encuentran incentivadas por otorgar los créditos que necesitan los licitantes o concesionarios de las obras, porque la reciente experiencia les ha demostrado que los proyectos no cuentan ni con las estructuración, ni respaldo ni responsabilidad, que se requiere para proyectos de gran tamaño.
Prueba de ello, son los recientes escándalos en Bogotá de alguno de sus principales concesionarios de obras, por fraude, insolvencia y demoras, con la consecuente afectación en el desarrollo de su malla vial y de movilidad de automóviles y del transporte masivo Transmilenio. Problemas que también se vieron reflejados en el ámbito financiero, en el incumplimiento de los créditos adquiridos, y en la desconfianza generalizada del sector financiero, por su alto riesgo.
Los créditos grandes obras, necesitan del apoyo del sector financiero, pero errores del pasado de las empresas de construcción y desarrollo de infraestructura, y la falta de rigurosidad en el desarrollo de los planes de negocio, impiden que las solicitudes se canalicen en desembolsos reales.
Publicado 06 de Julio del 2011 |