Cuando la hipoteca era concedida la estafa hipotecaria ya estaba en marcha, los estafadores se quedaban con el dinero que les entregaba el banco en función de una documentación falsa, mientras que los estafados, que quedaban como titulares de las hipotecas, se quedaban con la deuda, muy por encima de su nivel de ingresos.
La policía ha confirmado que las víctimas afectadas no tenían nada que ver con la estafa hipotecaria y que se limitaron a decir que sí cuando alguien les ofrecía terminar con sus deudas, asfixiados como estaban por las mismas, pero que tienen garantías de que ninguno de ellos vio nada del dinero estafado.
Esta estafa hipotecaria, ahora desenmascarada, sigue los mismos parámetros que otras estafas ya conocidas y desmanteladas anteriormente, aunque el importe del dinero obtenido por esta supera a las anteriores, y muestra que la picaresca española sigue en pleno auge.
Una picaresca que se dispara en momentos de dificultades financieras y económicas, ya que estas empujan a ciudadanos de orden a aceptar soluciones algo sospechosas con el único objetivo de poder seguir adelante y no caer en un pozo sin fondo.
Lo que es evidente es que para que una estafa hipotecaria salga adelante se necesita la astucia del estafador y el ansía de ventaja fácil del estafado, sin la cual la estafa no saldría adelante bajo ninguna circunstancia. En ese sentido, muchas estafas menores no salen a la luz porque los estafados se avergüenzan de reconocer su error.
Publicado 25 de Enero del 2011 |