El problema es que las viviendas de los bancos son siempre de segunda mano y suelen estar en peores condiciones, ya que es el estrato más bajo de la sociedad el que acaba condenado con el estallido de las crisis financieras y económicas, un estrato que puede acceder a pisos de menor calidad.
Por lo que muchos clientes reclaman su derecho a poder comprar un piso fuera del circuito de las viviendas de los bancos, lo cuál tienen vetado debido a la congelación total del crédito hipotecario de las entidades financieras.
Así, los promotores inmobiliarios se encuentran con que son incapaces de vender sus viviendas, no porque no haya demanda, que aunque menos, la sigue habiendo, sino porque esta demanda no puede convertirse en demanda efectiva, al carecer de los mecanismos de financiación necesarios para ello.
Mecanismos que sí funcionan para las viviendas de los bancos, en una actitud de las entidades financieras plenamente legal, pero que raya el límite entre lo ético y lo no ético, porque no permite que otros ámbitos del sector de la construcción puedan competir en igualdad de condiciones.
En definitiva, parece que los bancos y cajas españoles han decidido no conceder ninguna hipoteca para un piso que no sea suyo hasta que no terminen con todo el stock que siguen acumulando.
Publicado 22 de Febrero del 2011 |